El embarazo casi siempre se pinta como una etapa de anuncios públicos y fotos perfectas de la barriga. Pero para mí fue distinto. Decidí guardar mi embarazo en privado—no solo en redes sociales, también en la vida real. Solo mi familia más cercana supo hasta que mi bebé nació.

Parte de esa decisión viene de que me gusta mi privacidad, pero otra parte fue por miedo. Después de pérdidas (miscarriages), vivía cada día con calma y mucha fe. Mis días eran sencillos y llenos de gratitud: trabajar desde la casa, salir a caminar, citas médicas, ir a la iglesia y hasta darme mis maratones de televisión con mis shows favoritos (¡sí, Watch What Happens Live de Bravo me acompañó muchísimo!)

Hasta me cuestioné si quería hacer un baby shower.

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