Como mamá primeriza, elegir el cochecito perfecto se sintió como una decisión enorme—¡casi como escoger el carro ideal, pero para mi bebé! Lo curioso es que mi amor por Bugaboo comenzó hace unos 17 años, cuando cuidaba a mi sobrina en Nueva York. Ella tenía el Bugaboo Frog. Recuerdo lo fácil que era moverlo por las calles llenas de gente, subir y bajar contenes, y manejarlo todo con una sola mano mientras cargaba con los esenciales del bebé.
Hoy, años después, sabía que quería esa misma experiencia suave para mi propia hija. Por eso elegí el Bugaboo Fox 5—y déjame decirte, ¡es hasta mejor de lo que recordaba!
